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Cumpleaños… Feliz Hija

Han pasado nueve años desde aquel día en el que la emoción y el miedo se medían a partes iguales; nueve años desde que vimos tu carita por primera vez. Nuestra primera hija, nuestra pequeña Ariana, llegaba a nuestras vidas para transformarlas de una forma que nunca imaginamos.

Hoy, nueve años después, no puedo creer que no estés con nosotros para celebrarlo. Todavía me cuesta aceptar que no estás aquí.

Nos gustaría estar corriendo para preparar todo para una fiesta, con globos, una temática especial, risas y muchas, muchas fotos. Pero hoy no hay nada de eso en casa. Lo que sí hay son lágrimas, hay recuerdos, hay silencio interior… y, sobre todo, hay gratitud por ti, hija.

Hoy miramos tus fotos, comentamos cómo serías, lo grande que estarías… Seguro que muy bonita. Y aunque todos los días duele no tenerte con nosotros, hoy el dolor pica un poco más. Pensamos en tus hermanas y cuán contentas estarían de verte aquí.

Tu hermana Nara ha hecho dibujos y pulseras para ti, e intento contener mis lágrimas cuando me lo cuenta con tanta ilusión.

Hace unos días fuimos a comprar unos globos para enviarte al cielo. Ya es el tercer año que vamos a hacer esto. Tres años… sigo sin creerlo. Es un acto simbólico que otra familia especial nos compartió, y este año unas manitas más participarán en ello: tienes una hermanita más, hija, la pequeña Jana, que tiene unos ojos tan azules como los tuyos y a la que cada día le hablamos de ti. Y cuando le enseñamos fotos, sonríe como si ya pudiera entender.

Ariana, tu vida fue un regalo. Lo sigue siendo. Fue un milagro, un gran milagro que ahora valoramos más, y agradecemos al Creador de la vida, nuestro Dios.

El dolor de no tenerte sigue con nosotros, porque tu ausencia es muy fuerte, hija. Pero este dolor ya es parte de nosotros, y no es algo malo, sino que es una muestra de todo nuestro amor hacia ti, de lo afortunados que fuimos al cuidarte y amarte, y del amor que tú nos diste durante casi siete años.

Ahora me cuesta vivir sabiendo que ya no puedo darte nada, que ya no puedo cuidarte, ni preparar una fiesta, ni vestirte bonita, ni cantarte y acariciarte como te gustaba. Una de las cosas más difíciles con las que vivo desde que te fuiste es que mi amor hacia ti sigue igual, pero ahora no puedo expresarlo. ¿Sabes? Desde hace un tiempo he replicado los lazos que llevabas, para contar a todos lo especial que eres y para honrar tu preciosa vida.

Tu partida nos ha golpeado fuerte, y como mamá sigo aturdida por tu ausencia. Pero, a pesar de ello, Dios no me ha dejado caer. Su promesa de sostenerme hasta el reencuentro sigue en pie, y a ello me aferro. No sé si volveremos a celebrar cumpleaños en el cielo —no se nos ha revelado nada sobre eso—, pero sí sé que celebraremos una gran fiesta allí. Y aunque mi mente finita no puede ni imaginarlo, seguro que será maravilloso: ¡¡¡celebraremos a nuestro Salvador!!! Aquel que nos permitirá abrazarnos de nuevo, y para siempre.

Te extraño, Ariana. Te extrañamos todos. Mucho. Ser tu mamá es un privilegio tan grande, hija… Y vivir más que tú está siendo una de las aflicciones más profundas. Estoy gozosa de que puedas estar en el cielo, ya en la presencia del Señor Jesús, lo cual siempre es mejor, pero triste de que no puedas estar aquí. Mi anhelo del cielo es ahora inseparable de mi anhelo de verte. Y mientras eso no llega, pido a Dios fuerzas para disfrutar de sus bendiciones aquí, aprovechar cada momento con tu papá y tus hermanas, con la familia, con los amigos…

La Biblia nos dice que la vida es como un vapor, como un soplo, como un pestañeo, y contigo lo hemos experimentado. Por ello, que Dios nos ayude a usar los días que tenga para nosotros con perspectiva eterna, para el bien de otros y para su gloria.

“Por tanto no desfallecemos, antes bien, aunque nuestro hombre exterior va decayendo, sin embargo nuestro hombre interior se renueva de día en día.  Pues esta aflicción leve y pasajera nos produce un eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparación, al no poner nuestra vista en las cosas que se ven, sino en las que no se ven; porque las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas”.

Hasta entonces…

Feliz cumpleaños, hija.