He intentado escribir esta entrada en el blog varias veces en estas últimas semanas y no era capaz de continuar: es tan difícil escribir todo lo que pasa por nuestra mente y corazón. Me pasaría el día diciendo cuánto extraño a mi hija, cuánto pienso en ella cada día y cuánto la amo.
Ayer para muchos habrá sido un día más en el calendario y puede que para algunos haya sido un día especial. Para nosotros, todos los 16 de cada mes son días marcados por la tristeza, ya que nos recuerdan que ha pasado un mes más desde que nuestra preciosa hija Ariana ya no está a nuestro lado: 20 meses separados en esta tierra, 608 días concretamente.
Ayer, como cada 16 de cada mes, fuimos al lugar donde está su cuerpecito, donde nuestras almas se rompen, donde lloramos y oramos juntos agradeciendo a Dios por la vida de Ariana, por todo lo que ella es para nosotros, por el regalo de ser sus papás y, aunque ha sido muy corto el tiempo que hemos podido disfrutar de ella aquí, en nuestras oraciones damos gracias porque sabemos que ella esta con Cristo, por su gracia Él la ha salvado y le ha dado vida eterna, porque esta separación es temporal y la muerte ¡¡¡no es el final!!!
Me repito constantemente esta frase: “no es el final, no es el final”. Aunque lo creo, también es una gran lucha para mí. Y, si bien es algo por lo que todos vamos a tener que pasar si Cristo no viene antes, me duele especialmente que ella haya tenido que pasar tan pronto por este camino, antes que nosotros, sus propios padres.
La muerte es una de las consecuencias de la entrada del pecado en el mundo. La Biblia nos dice que es un enemigo, pero que también será derrotado “Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte” (1ª Co. 15:26). La muerte un día morirá porque ya ha sido vencida por Cristo a través de su obra en la cruz y su resurrección. Como escribió el poeta inglés Donne “muerte no seas orgullosa, un día muerte, tú morirás”.
La muerte es dolorosa para los que nos quedamos aquí porque vivimos las consecuencias de la separación de los que se van.
La muerte no le hizo ningún mal a nuestra hija, la Biblia nos dice que es ganancia para los que Cristo ha salvado. Y esto no quiere decir que Ariana estuviera mal cuidada a nuestro lado. Los que nos conocen saben cuánto hemos amado y amamos a nuestra hija especial y cuán difícil está siendo vivir sin ella. Nosotros no hubiéramos deseado que las cosas fueran así, pero confiamos en aquel que sabe más que nosotros. Ariana no solo está bien, sino que está mucho mejor que lo que nadie puede estar en este mundo. El Apóstol Pablo lo expresa con estas palabras: “teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor;” (Fil 1:23)
Ella está bien, porque para el que Cristo ha salvado, la muerte “no es el final” sino el comienzo de una vida plena. Nuestra campeona, así le llamábamos muchas veces, “ya ha ganado”, ya ha obtenido el premio de estar con el Señor Jesús.
Mientras los que seguimos aquí vivimos con un dolor profundo e inexplicable porque nadie quiere separarse de a quien tanto ama, pero por medio de la fe vivimos con dolor y esperanza, esperando ese reencuentro eterno.
Deseo que llegue ese día. En la espera, en medio del dolor y las lágrimas ¿quieres acompañarme en esta oración? “Señor aumenta mi fe como te lo pidió aquel padre que fue a ti para que sanaras a su hijo: “el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad “(Marcos 9:24) y dame la paz que sobrepasa todo entendimiento, que solo tú me puedes dar: “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”. (Filipenses 4:7)
Gracias.


